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¿Fin del Transantiago?

31 enero, 2019

El investigador ISCI, Ricardo Hurtubia, en columna escrita en El Mercurio, habla de lo que se debería hacer para mejorar el servicio de buses del Transantiago.


Señor Director:

La columna del subsecretario Domínguez revela un mal entendido sobre el transporte colectivo urbano. No hay casos basados exclusivamente en sistemas ferroviarios, dada su limitada flexibilidad operacional. Los buses y otros modos de acercamiento juegan un rol vital, integrándose con los anteriores, para ofrecer un servicio conveniente. Plantear que a un gran costo el 70% de la población esté a menos de 700 metros de una estación de tren subterráneo no es un buen objetivo; el transporte colectivo debe estar mucho más cerca de los habitantes. De hecho, fue la integración con los buses en 2007 lo que masificó al metro. El Metro es una compañía estatal para enorgullecerse.

Ha sido la columna vertebral del Transantiago, y en los últimos 12 años se ha invertido mucho en mejorarlo y extenderlo, postergando inversiones para que los buses, privados, se le acerquen en calidad. Pero los beneficios de invertir también en buses son claros: en primer lugar, las pistas segregadas permiten que su velocidad se acerque a la del metro y que aumente su confiabilidad, algo muy valorado por los usuarios, y en segundo lugar, se contribuye a la resiliencia del sistema y a desahogar a los usuarios de metro, mejorando la experiencia de viaje de todos. La batalla por la sustentabilidad urbana no es una confrontación entre metro y buses, sino lo contrario.

El verdadero obstáculo es el automóvil, que congestiona y contamina más que los restantes modos. Otro desafío es integrar la bicicleta, que en viajes de siete kilómetros o menos no tiene competidores. La sustentabilidad también implica crear espacios públicos más amables y a escala humana, pero esto es imposible si se siguen entregando las calles a los automóviles.

El transporte urbano es un ‘problema complejo’ que no admite soluciones triviales. La integración entre buses y metro ha permitido justificar socialmente nuevas líneas, pero sería irresponsable construir otras sin una evaluación social que respalde su cuantiosa inversión. Corredores de buses de excelente calidad, como en muchas ciudades del mundo, requieren una inversión sustancialmente menor. En un país con tantas carencias sociales y una fuerte necesidad de transporte de calidad en regiones, la rentabilidad social de las inversiones no se debe descuidar.

Fuente: El Mercurio