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Deserción en educación superior genera un costo de oportunidad de US$ 2.660 millones anuales

16 abril, 2018

Investigador ISCI Jaime Miranda en Diario El Mercurio.


Según un estudio realizado por la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile:

La inactividad de los jóvenes que abandonan sus estudios superiores provoca ingresos no percibidos que bordean el 1% del PIB. Sin embargo, según expertos, la nula capacitación al momento de ingresar al mundo laboral no asegura un aporte significativo a la productividad.

La productividad en la economía ha sido un tema país desde siempre. Debido a esto, la relevancia que toma todo tipo de aporte a la fuerza laboral comienza a ser una prioridad con el fin de revertir la situación.

Uno de estos aportes significativos podría ser el costo de oportunidad que se ve desperdiciado tras los altos índices de deserción de los jóvenes en las instituciones de educación superior (IES) -universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica- en el primer año académico.

Según un estudio realizado por la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, en el período comprendido entre 2008 y 2016, en promedio, el país ha generado un costo de oportunidad equivalente a US$ 2.664,7 millones al año en alumnos que ingresan a uno de estos establecimientos para estudiar una carrera y luego descontinúan sus estudios al segundo año (ver infografía).

El profesor a cargo de la investigación, Jaime Miranda, explica lo negativo que es el impacto global que produce el abandono académico. “Es negativo el efecto que tiene la deserción, tanto para el estudiante como para la organización. Cuando están estudiando tienen un costo de oportunidad asociado a que no están produciendo para la economía y, por otro lado, están pagando una mensualidad o el Estado está aportando el arancel”.

El presidente de la Comisión Nacional de Productividad (CNP), Joseph Ramos, califica este costo de oportunidad como uno “hundido”. Es por esto que, para Ramos, el énfasis debería estar en prevenir la deserción mediante una mejor orientación en las escuelas y las instituciones de educación superior.

Según el director de Berg Consultores, Huberto Berg, una de las formas de prevención que se podrían aplicar y difundir en Chile es el modelo de bachilleratos que existe en Estados Unidos. “Los alumnos, antes de optar definitivamente por lo que quieren estudiar, tienen la opción de conocer una serie de materias y campos del conocimiento que posteriormente les permiten escoger con mayor información a lo que se van a dedicar”, agrega Berg.

Personas que entran al mundo laboral sin capacitación son menos atractivas

Una causal importante a tener en cuenta es la insuficiencia base con la que se presentan quienes no poseen una capacitación académica previa al ingreso al mundo laboral, dice Ramos. A ojos del experto, entrar directamente a un trabajo con escasas competencias no es positivo para los jóvenes, quienes se deberían enfocar en la opción de realizar estudios técnicos profesionales.

Sin embargo, según explica Miranda, la deserción se concentra en los institutos profesionales, donde cerca de la mitad del estudiantado no continúa sus estudios tras el primer año.

En cuanto a los costos de bolsillo que se generan por este concepto, el presidente de la CNP señala que desertar de la educación universitaria es -en promedio- dos veces más costoso que la educación técnica.

El total de gastos en la deserción anual (2016) que se identificó en el estudio fue de US$ 356,7 millones entre las tres categorías de IES. Las universidades representaron un 47%, los institutos profesionales un 37% y el restante 16% fue para los CFT .

Para reducir esto, una de las soluciones que propone Berg es que se incentive la educación DUAL. “Esto es que los jóvenes puedan tomar contacto con el mundo laboral a través de prácticas en empresas desde los primeros momentos que ingresan a estudiar”.

Aporte de los jóvenes no asegura la misma productividad

Según los datos de la encuesta Casen 2015, los jóvenes (18 – 25 años) representan un 13% de la población trabajando, mientras su aporte a la productividad del país es de aproximadamente 8%.

“Si dicho grupo tuviese las características de un trabajador cualquiera, se debiese esperar que el porcentaje de participación en la población fuese idéntico al aporte en productividad, pero dado que tienen una menor experiencia, esta contribución es menor”, comenta Ramos.

Misma opinión es que la comparte Berg, quien dice que “está comprobado que las personas que entran al mundo laboral sin capacitación, por una parte no son muy atractivas como sujeto a contratar, y cuando lo son, sus rentas no son muy buenas, pues su aporte es más bien bajo”.

Esto lo refleja el promedio de ingresos que percibe un joven con solo educación media, que bordea los $350 mil. “En cambio, el ingreso con un título superior (dos años de CFT) alcanza una media de $650 mil, lo que lo mueve del borde de la pobreza al borde de la clase media”, afirma Ramos.

Recuadro :

Diferencias salariales
El promedio de ingresos que percibe un joven solo con educación media bordea los $350 mil, mientras que la remuneración de uno con título de educación superior (dos años de CFT, por ejemplo) bordea los $650 mil, alejándolo del borde de la pobreza.

Alumnos que desertan tienen buenas notas en el colegio, pero les va mal en la PSU
Los ingresos que dejan de percibir las instituciones de educación superior (IES) por concepto de matrículas y cese del pago de aranceles pasa a segundo plano cuando se trata del aporte a la productividad país, que no llega a puerto tras el año en que los alumnos no trabajan.

Investigador ISCI, Jaime Miranda

De esta forma, el profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile a cargo del estudio, Jaime Miranda, pudo dar con el perfil de estos alumnos,

quienes -en su mayoría- corresponden a jóvenes de género masculino que vienen de hogares con altos niveles educacionales, un ingreso bruto familiar superior al promedio y que evidencian bajos niveles de desempeño en la universidad. “Este grupo, por ejemplo, tiende más a desertar de Ingeniería en Información y Control de Gestión para transferirse a Ingeniería Comercial”, explica el académico.

Mientras, los alumnos que abandonan sus estudios, pero no por transferencias internas, son aquellos que tienen buenas notas en el colegio, evalúan bien a sus profesores, pero les va mal en la PSU.

En el caso de los que siguen, son alumnos que provienen principalmente de colegios particulares subvencionados, de género femenino, con padres que no superan el nivel educacional escolar completo, un ingreso bruto familiar relativamente bajo, con altos niveles de financiamiento educacional y, además, son quienes menos créditos reprueban durante el transcurso del programa.

Nota Escrita por: DIEGO AGUIRRE